396. Dionisio Gutiérrez: Are We Living in Times of Fatigue?

March 27, 2026
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396. Dionisio Gutiérrez: ¿Vivimos tiempos de Fatiga?

Editorial del programa 396 de Razón de Estado


Vivimos días en los que las sociedades parecen fatigadas de sí mismas. La economía ofrece poca certidumbre. La política, que debería ser el arte de ordenar la convivencia, se ha ido degradando en demasiados lugares en una simple administración de la mediocridad. Y así, el ciudadano común, que solo quiere trabajar, cuidar a los suyos y vivir en paz, se encuentra muchas veces desamparado ante instituciones que prometen más de lo que cumplen y liderazgos que hablan más de lo que entienden.

No escogemos el tiempo que nos toca, pero sí la manera de habitarlo. Quienes saben de derrotas, cautiverios y desencantos comprenden que la grandeza humana no nace de la facilidad, sino de la adversidad bien llevada. El hombre no se mide solo por sus éxitos, sino por su manera de soportar el infortunio. Encontrar paz en la tormenta no es aislarse del dolor del mundo ni fingir indiferencia; es conservar una jerarquía del alma que impida que el caos exterior destruya la serenidad interior.

La paz, en ese sentido, no es ausencia de problemas, es presencia de sentido. Quien sabe para qué vive, por quién trabaja, a quién ama y qué principios no está dispuesto a traicionar, posee una fortaleza que el ruido del tiempo no puede arrebatarle con facilidad.

Hay una forma de optimismo que no depende de las noticias, ni del mercado, ni de las encuestas. No es ingenuidad, sino disciplina moral. Consiste en creer que aun en medio del desorden, hay tareas que merecen cumplirse, afectos que vale la pena cuidar y pequeñas obras cotidianas que sostienen la dignidad del mundo.

Por eso, levantarse cuando apetece rendirse, cumplir con los deberes, decir la verdad cuando la mentira parece rentable y seguir siendo decente cuando la indecencia se normaliza es el mejor camino a la paz interior.

No podremos corregir las fracturas de nuestras sociedades, pero sí podemos impedir que la descomposición del entorno nos robe la humanidad. Y eso no es poco. En tiempos de oscuridad, conservar la lucidez ya es una forma de valentía; conservar la bondad, una forma superior de resistencia.

El ser humano encuentra paz en la tormenta cuando comprende que no controla todo, pero sí gobierna su conciencia. Y encuentra optimismo cuando acepta que, aunque el mundo no responda como quisiéramos, la vida sigue ofreciendo un campo inmenso para la dignidad, el amor, el trabajo bien hecho y la felicidad razonable.

Tal vez la lección de estos tiempos es que, cuando fallan las respuestas del poder, del dinero o de la política, aún queda en pie lo esencial, que es el alma humana: siempre capaz de resistir, de reconstruir y de volver a empezar.

 

 

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