409. Dionisio Gutiérrez: The Crude Machinery of Power, Money, Corruption, and Impunity

June 29, 2026
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409. La vulgar maquinaria de poder, dinero, corrupción e impunidad

Editorial del programa 409 de Razón de Estado


En América Latina, no siempre basta con votar para cerrar una elección. Después del veredicto popular todavía hay que obligar al derrotado a aceptar que perdió. El populismo autoritario, casi siempre de izquierda y normalmente corrupto, tiene una relación fraudulenta con la democracia. La usa para llegar, pero no la respeta cuando le toca irse. Mientras gana, le dicen voluntad popular; cuando pierde, la rebautizan como fraude o conspiración. 

Así actúan los que nunca entendieron el poder como servicio, sino como propiedad. No creen en la alternancia. Cuando llegan, se creen dueños del poder. Por eso, cada vez que estos proyectos retroceden en las urnas, aparece el mismo espectáculo miserable: presión sobre las instituciones, sospechas sin prueba, llamados a la calle, gritos de ilegitimidad y una clara disposición a incendiar la cancha con tal de no aceptar el resultado. No es una reacción política normal. Es una confesión moral. Nunca fueron demócratas. Solo fueron beneficiarios temporales de la democracia. Y no vale la pena tratarlos como si libraran una noble disputa ideológica.

 El populismo autoritario es una vulgar maquinaria de poder, dinero, corrupción e impunidad. Usan la pobreza como bandera y el Estado como caja. Hablan de derechos, pero protegen dictaduras. Invocan la soberanía, pero guardan silencio ante cárceles llenas de presos políticos. Predican justicia social mientras reparten dependencia. Capturan instituciones y someten al ciudadano al favor oficial. No redimen a nadie. Administran obediencias. No hacen república, fabrican clientelas. No elevan el debate, lo pudren. 

El populismo autoritario ha degradado la política en todo el continente. Se comporta como una hermandad de encubrimiento mutuo. Se justifican entre sí. Se blindan entre sí. Se absuelven entre sí. Y cuando uno de los suyos es derrotado, todos corren a insinuar que el problema no fue el fracaso del proyecto, sino la perversidad del sistema. Pero los pueblos comienzan a entender que no hay prosperidad sin libertad económica, que no hay inversión sin certeza jurídica, que no hay democracia sin instituciones serias y que no hay futuro donde el poder castiga al que produce, compra lo obediente y persigue al discrepante.

América Latina tiene una oportunidad, pero no una garantía. La libertad no sobrevive sola. La democracia no se defiende con ingenuidad y el voto no termina en la urna cuando el derrotado se niega a respetar. Por eso, la tarea de esta hora no es solo elegir bien, es vigilar, resistir y defender. Defender el resultado, defender la ley y defender la verdad, porque el poder no les pertenece.

 


 

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