399. Dionisio Gutiérrez: Colombia—From a Mediocre Populist to a Dangerous Communist?

April 20, 2026
FacebookMessengerWhatsappTwitterShare
399. Dionisio Gutiérrez: Colombia, ¿de un populista mediocre a un comunista peligroso?

Editorial del programa 399 de Razón de Estado


Hay gobiernos que se marchan dejando obras y Estados fuertes, otros se van dejando ruina, cinismo y una peligrosa siembra de continuidad. Gustavo Petro en Colombia, después de 4 años de incompetencia, corrupción, populismo e ínfulas autoritarias, pretende perpetuar su fracaso con un candidato más radical y más inclinado al abuso que él mismo.

Colombia no vive un simple relevo presidencial. Petro degradó la vida pública, debilitó las instituciones, empobreció la conversación nacional. Hizo del poder una mezcla de propaganda, clientelismo y arbitrariedad.

Petro no gobernó, administró relatos. No corrigió problemas, los recubrió de retórica. No fortaleció al Estado, lo utilizó. Y ahora quiere imponer a Iván Cepeda como sucesor para profundizar la captura del Estado.

La realidad ha desmentido las promesas de Petro. Intensificó el conflicto, radicalizó el discurso y polarizó aún más a la sociedad colombiana. Como no dio resultados, inventó enemigos, ofreció venganza, movilizó resentimientos. Y así, Iván Cepeda se presenta, no como remedio, sino como fiebre aumentada. Estos son síntomas graves de decadencia política, de sustitución de liderazgo por demagogia y de gobernanza por ocupación facciosa del Estado.

Los países en desarrollo —que ya bastante cargan con sus fragilidades estructurales— no pueden darse el lujo de ser gobernados por aprendices de caudillo, comerciantes del agravio o tribunos del resentimiento. Cuando el Estado es débil, el daño de un mal gobierno es doblemente devastador. Se destruye confianza, se frena inversión, se degrada la seguridad y se les enseña a los jóvenes que el poder sirve para servirse.

Por eso, esta hora en Colomba exige que el ciudadano dé un paso al frente. Que entienda que la democracia es una responsabilidad que se ejerce. Votar bien, exigir rendición de cuentas, defender la libertad de prensa y no dejarse intimidar por la propaganda son las tareas mínimas de una ciudadanía adulta.

Salvar el futuro de Colombia exige impedir el despropósito de entregar el país a una versión agravada del desastre y comenzar, de una vez, la formación de una nueva generación de dirigentes. Dirigentes con carácter, con ideas, con disciplina republicana, con respeto por la ley, por la libertad y comprensión de que el poder no es botín ni escenario, sino servicio y límites.

Colombia puede corregir el rumbo con una ciudadanía despierta y élites responsables, con menos cálculo y más deber. Toca rescatar la política antes de que el populismo autoritario termine de convertir el fracaso en herencia y la herencia en condena.

 

FacebookMessengerWhatsappTwitterShare