407. Dionisio Gutiérrez: Colombia frente al espejo

Junio 15, 2026
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407. Dionisio Gutiérrez: Colombia frente al espejo.

Editorial del programa 407 de Razón de Estado


Hay horas en que una nación debe mirarse al espejo de su historia y preguntarse si todavía conserva el pulso moral necesario para salvarse a sí misma. Para Colombia, esta es una de esas horas. Petro llegó prometiendo justicia y deja rencor. Ofreció reivindicación y repartió ruina. Invocó al pueblo mientras lo humillaba, lo empobrecía y lo sometía. Su arte no consistió en gobernar, sino en engañar, y su oficio verdadero no es servir, sino quedarse a través de Cepeda.

Petro tuvo en sus manos el honor más alto que puede recibir un ciudadano: conducir el destino de una nación, y lo convirtió en una vergüenza. Fue un gobernante inepto, soberbio, cínico, pendenciero, faccioso, moralmente descompuesto. No administró una república; la maltrató. No elevó la dignidad del cargo, la arrastró por el lodo de la improvisación, del capricho y del abuso.

Petro, que hizo del poder un teatro de resentimientos, una feria de vanidades, una coartada para la incompetencia y un refugio para la indecencia, pretende ahora imponer a Cepeda derrotado en la primera vuelta por el veredicto popular. Y Petro, incapaz de respetar los resultados, los contaminó con sospechas. Alegó fraude, pero el verdadero fraude no está en las urnas; estuvo en sus promesas, en su demagogia, en su falsa superioridad moral, en el engaño sistemático con que quisieron vender como redención lo que no era sino decadencia.

Cepeda es Petro con un cuchillo más afilado. Son el mismo proyecto ideológico que ya ha demostrado su inclinación a desmantelar instituciones, hostigar al que produce, manipular las leyes, promover la pobreza con fines clientelares y concentrar el poder en nombre de causas supuestamente nobles. Por eso hablan de asamblea constituyente, excusa de caudillos tropicales y aprendices de tirano. Lo que buscan es cambiar las reglas, debilitar los contrapesos, capturar las instituciones y amoldar el Estado a la voluntad del poder.

No es una reforma, es una emboscada jurídica. No es una ampliación de la democracia, es el método por el cual se la vacía desde dentro. Hablan de justicia y producen servidumbre. Hablan de pueblo y cultivan clientelas. Hablan de libertad mientras afilan los instrumentos para limitarla y, al final, dejan siempre el mismo paisaje: autoritarismo, corrupción, miseria y exilio. Países fatigados, ciudadanos sometidos, generaciones enteras condenadas a vivir peor que sus padres.

Colombia tiene hoy la obligación, sí, la obligación de salvarse a sí misma, de hacerlo con lucidez, con memoria, con responsabilidad. Colombia debe votar para preservar su historia, su libertad y el porvenir de sus hijos, porque esta lección no decide solo un gobierno: decidirá si Colombia continúa siendo dueña de sí misma.

 

 

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