400. Dionisio Gutiérrez: Dos maneras de entender el poder y la libertad

Abril 24, 2026
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Dionisio Gutiérrez: Dos maneras de entender el poder y la libertad

Editorial del programa 400 de Razón de Estado


Hace unos días, dos ciudades españolas mostraron dos maneras de entender el poder, la dignidad y el destino de los pueblos.

En Barcelona, bajo el disfraz de una “cumbre progresista”, coincidieron figurones que, lejos de defender y promover la democracia y los valores de la libertad, en la práctica son cómplices hipócritas de regímenes autoritarios en el mundo: Cuba y Venezuela, dos de ellos.

Estos falsos predicadores, que hablan de derechos mientras justifican sistemas que los niegan, han vuelto el lenguaje rehén del poder. Llaman “justicia social” al control, “solidaridad” al clientelismo y “soberanía” al encierro.

El resultado de esas políticas es conocido. Economías asfixiadas, instituciones debilitadas, sociedades divididas y ciudadanos reducidos a piezas de un engranaje clientelar. Es el círculo vicioso del populismo autoritario. Promete dignidad, pero la sustituye por dependencia; proclama igualdad, pero distribuye pobreza; invoca al pueblo, pero lo somete.

Mientras tanto, en Madrid, ocurrió algo distinto. Allí no hubo discursos vacíos ni retóricas de conveniencia, sino una manifestación viva de lo que significa la libertad cuando deja de ser consigna y se convierte en causa.

María Corina Machado convocó a una multitud que, más que escuchar, acudió a recordar que la democracia y la libertad siguen siendo la causa de Venezuela. Su mensaje fue claro: Venezuela no es una tragedia inevitable, sino una batalla en curso. Y su anuncio de regresar a Caracas no es un gesto simbólico, sino un acto de coraje político y moral. En tiempos de cinismo, ese tipo de decisiones adquiere un valor extraordinario, porque la libertad se defiende desde el riesgo.

Madrid fue la cumbre de la dignidad. Decenas de miles y calidad de propósito. Allí se habló de elecciones libres, de Estado de derecho, de reconstrucción institucional. Se habló, en definitiva, de devolverle al ciudadano lo que nunca debió perder: su condición de sujeto libre.

Dos cumbres, dos relatos. En una, el poder justificándose a sí mismo. En la otra, la ciudadanía reclamando su futuro.

Iberoamérica está atrapada entre dos visiones. Una que administra la decadencia y otra que intenta reconstruir la esperanza. Los iberoamericanos compartimos desafíos. La educación que no llega, los valores que se diluyen, el desarrollo que no despega, el Estado de derecho que se debilita, la libertad que se estrecha. Son batallas pendientes, no derrotas definitivas. Por eso, es importante entender que el futuro no se decide en las cumbres, sino en la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

La historia, siempre paciente, terminará juzgando. Y como tantas veces, no lo hará por las palabras pronunciadas, sino por las libertades defendidas… o abandonadas.

 

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